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Comienzan las rutinas, madrugones, actividades extraescolares, deberes, prisas…. Parece que nuestro día a día está lleno de responsabilidades , restricciones, normas sociales y para que todo funcione no podemos dejar nada a la espontaneidad. Es cierto que en ocasiones tenemos que sacar nuestro lado serio y razonable, pero ¿dónde queda la ilusión, la capacidad de asombro, las risas, la diversión?

Es el momento de mirar dentro de ti y descubrir tu niño o niña interior, aquel que un día fuiste y que todavía, te aseguro sigue ahí. Ese/a niño/a simpático, alegre, jovial, capaz de divertirse, sin miedo al ridículo ni a lanzarse con una bici sin frenos. Ese es nuestro auténtico ser, el que verdaderamente somos y hemos sido siempre, vive dentro de nosotros/as y quiere poder manifestar su naturalidad, espontaneidad, curiosidad y libertad. ¿Por qué no lo dejamos?

Se nos dice que cuando llegamos adultos, “debemos de tener normas”, “no podemos hacer tonterías” y almacenamos estas creencias en nuestro cerebro en forma de esquemas mentales. Estos esquemas limitadores adquiridos por educación o por experiencias pasadas nos impiden dejarnos llevar de vez en cuando por el carácter emotivo del niño/a que llevamos dentro y sacar todo nuestro potencial.

Es inevitable si quieres avanzar en tu camino escuchar con el alma lo que ese/a niño/a tiene que decirte.

Vamos a quitarnos las máscaras que nos impiden ver cómo somos realmente.

¿Te atreves a rescatar a tu niño o niña interior y hacer cualquier cosa que te divirtiera y que no hayas hecho durante años?